La naturaleza en el corazón. Libro ilustrado de prosa poética




Os presento mi nuevo libro sobre la naturaleza. Escrito en prosa poética e ilustrado por mí en tinta y blanco y negro.
Como lanzamiento, lo estoy repartiendo gratis en Pdf.
Y dentro de dos meses estará también la versión en papel por Amazon.

No es fácil hablar de él, porque es algo que forma parte de mí... Es el fruto de muchos años de encandilarme con la naturaleza y pasar a papel mis impresiones: poéticas siempre... y llenas de emoción...  Todas esas pequeñas vivencias, estampas, enamoramientos de mi alma al contemplar la vida maravillosa, quedan aquí reunidas en 90 páginas: un burro que rebuzna alocado, un río que te envuelve y acoge, un bosque místico, la belleza sencilla de las palomas, una ascensión hermosa, un amanecer entre montañas, un caballo nostálgico, etc...

Espero que os guste, y disfrutéis leyéndolo tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.

Aquí dejo el libro para el que quiera leerlo en línea o descargarlo a su ordenador:

https://drive.google.com/file/d/0BzoXVU99cmHMTmdkdUtCUFJxR3M/view?usp=sharing


Y aquí abajo, el enlace de Issuu, para que le echéis un vistazo general (Pulsar Esc para salir de la vista):






Fe...




UN SOPLO DE FE…


Un soplo de fe, una burbuja blanca, un soplo…
sobre mi nuca niña.

Un soplo de fe, una burbuja blanca, un soplo…
sobre mis pasos de barro,
sobre el acero que cuelga de mi pelo.

Un soplo de fe, una burbuja blanca, un soplo,
un roce de plumas...
sobre mi llanto de caracoles rotos
esparcido en el amanecer.

Un soplo de fe, una burbuja blanca...
un resplandor en los párpados,
un escalón de flores,
para subir, para flotar, para caer...
vacía y pura,
como la nieve.


***


Foto y poema: Maite Sánchez Romero (Volarela)

Más poemas sobre la fe aquí: http://palabrasdesindel.blogspot.com.es/

Tus labios...




TUS LABIOS


Dios, yo no sé cómo serán tus labios,
pero los siento abrirse en el viento
que mece los pinos;
los siento cerrarse en la nieve
que muere a mis pies.

Tus labios atraviesan la paz de la galaxia
como el vibrante rojo de un pétalo que sueña.

Tus labios como niebla derramada
sobre la hierba dormida...
Tus labios en la boca anciana
que habla con el fuego…

Tus labios piando con el mirlo
mojado por la lluvia...

Tus labios en mis labios
ayudándome a besar
las espinas de las rosas.



***

Foto y poema: Volarela (Maite Sánchez Romero)

Palabras para Beba. (Para nuestra Mª Carmen)


                La pintura de la portada pertenece a Ángela: http://angelartis.blogspot.com.es/



Hay veces en que la vida te ofrece su cara dura, la desabrida, la inhóspita. Y el dolor, constatamos todos, nos deja su huella profunda a medida que avanzamos por el duro camino del vivir. Pero del mismo modo, la belleza, la bondad, la alegría, el amor... nos rodean día tras día, en lugares, gestos, personas, actos... que se nos ofrecen para que no olvidemos nuestra verdadera naturaleza: somos seres espirituales aprendiendo a amar.

Hoy, triste y extrañamente feliz a un tiempo, puedo dar fe de que es así.

Nuestra queridísima amiga y compañera Mª del Carmen Nazer partió al verdadero hogar, pero a lo largo de más de dos meses en que sufrió su enfermedad, tuvo la compañía y el apoyo diario de su amigo Francisco, al otro lado del océano. Cada uno de esos días le escribió un poema, que un familiar le leía. Y su inspiración se mantuvo día tras día, estimulándonos a todos nosotros a acompañarla en su enfermedad, dedicándole comentarios preciosos para su alma en esos delicados momentos.
Todos pudimos abrazarla a través de la red durante aquellos días. Francisco fue el eje y el medio con sus preciosos poemas, a cúal más fantástico, conmovedor y sincero. Rosana, familiar y amiga, le ofrecía con todo su cariño la "medicina del alma", leyéndole los poemas y comentarios.

Ahora, todos los poemas están reunidos en este libro: un castillo a la amistad, "un regalo de verdadero jade", como a ella le gustaba.

"Palabras para Beba" (así llamada por su familia e íntimos) es para nuestra Mª Carmen querida; pero a la vez es para todos nosotros, los que fuimos testigos de un gesto tan cristalino y los que no lo fueron, porque tras este libro hay una fuerza enorme que nos impulsa a luchar por lo verdaderamente hermoso de esta vida.






Francisco Espada: Días de Aplomo http://diasdeaplomo.blogspot.com.es/

Un hada abre las alas...



Hoy es un día muy triste. Ha partido una amiga muy querida: Mª del Carmen Názer.
Se ha llevado un pedazo de nuestros corazones, que jamás la olvidarán.

Su ternura está flotando en el aire. Puede sentirse su aleteo gracioso, oliendo a un perfume exquisito de hierbas frescas, tomillos, lavandas y romeros, recién cortados.

Vuela... vuela, hadita, al fin libre...

El vacío que deja es enorme. Ella es inolvidable. Su aliento constante hacia los demás, su infinita suavidad y dulzura, su pasión desbocada por todo lo bello...
Su vida ha sido un constante darse... Ha dejado una huella enorme y hermosa en todos.


¡CUÁNTO TE QUEREMOS, QUERIDA AMIGA! 

QUE DIOS TE ACOJA CON TODO SU AMOR DIVINO 




Dejo un poema suyo, precioso:



PLUMA

"¿Quién me enviará entre las nubes
preciosos mensajes de amor…?”
Li  Qingzhao

Acá estoy, sentada
a orillas de mi dulce río,
aspirando la fragancia de la luna
que asoma
sobre el fondo de un cielo
de naranjas.
Echo de menos a mi abuela.
La invoco y ella viene.
Huele a hierbas
recién amanecidas;
huele a menta, a salvia, a romero,
a poleo...
Me abraza,
me acuna,
me arropa,
me canta...
El cielo se inclina
para escucharnos.
Sopla el viento.

De pronto, una pluma blanca
casi de algodón,
envuelta en luz
vuela hacia el río
y se deja llevar por las aguas
delicadamente.


Mi alma: toda la blancura.


Mª del Cármen Názer: 

Su blog http://reparandolazos.blogspot.com.es/                    
Su libro: https://issuu.com/maiteia/docs/gotas_de_jade__m___del_carmen_n__ze



***

TODA LA BLANCURA PARA TI





Para


Mª CARMEN

El reflejo de unas trenzas baila con las ondas.
 Ella se asoma al horizonte como un sauce de oro; 
canta con las golondrinas del devenir...
Recoge los puros sentimientos del nenúfar y los va guardando
 en el manantial de su sonrisa.
Mira pasar los ladridos azules
de la tristeza... Y de sus dedos escapa
un caballo amoroso
que galopa hasta perderse
en los caminos malva.

Con sus ojos suaves
como la dulce madera
abraza al río;
y posa allí
su tierna ilusión de niña.


*


La mochila



Allá estaba la llamada "Perla del olvido". La consiguió muy cara, pero ya era suya. Un canario, en la terraza del frente, trinaba locamente, embadurnando de tristeza solar toda la calle; el moho creciente de sus recuerdos recuerdo bloqueaba sus alveolos pulmonares, dejándole un resquicio de respiración que aullaba como un viento aprisionado.
La "Perla del olvido" sólo era un objeto inconsciente: una pastilla sobre un platito de porcelana, desportillado e igual de inconsciente: pero portaba una película maravillosa en blanco sin negros, donde desfilaban leones blancos tras la diosa de pies de silencio: la Muerte... Sus maravillosos ojos eran dos lagos violetas donde se reflejaban quietísimas nubes de olvido.


En el cristal del reloj se reflejaba el surco de su frente: el hachazo del destino en sus pensamientos. Ahora parecía una exclamación sobre el agotado grito de sus ojos. Escuchó golpes en su puerta, seguidos de risas burbujeantes. Ellos nada sabían, nada. Dejó pasar a su hermana y su pequeño hijo. El niño sostenía una mochila de colores verde y amarillo. Se la mostró como un tesoro y le dijo: "Ya no la necesito, ahora soy mayor. Puedes quedártela."
En la mesa esperaba la perla roja como una mujer celosa. Y el niño le miraba a él como el que mira un paisaje extraño en el que dos lobos se persiguen.

Salieron de su casa y ahí quedo la mochilita, tan inocente, tan simple, emanando una paz que recorrió cada rincón de la habitación... Seguía viva la voz de su sobrino, correteando bajo la mesa, jugando con la oscuridad de las esquinas; repitiéndole: “Puedes quedártela”.

Fue hacia el armario; tomo su enorme mochila, la que guardaba plumas de mil excursiones pasadas. Se calzó sus botas de montaña, aun con olor a resinas viejas. Con el bastón de senderista vital y desafiante, tiró al suelo la perla de la muerte... y comenzó a imaginar el camino de una gran travesía; una kilométrica cicatriz a lo largo del mundo que sellaría con pasión su dolor.

Sonrió:
Alguien había lanzado una pompa de jabón, y ésta se posó delicadamente, sin romperse, en su barandilla.


Texto: Maite Sánchez Romero, para "Este jueves un relato". Propuesto por Juliano-Apóstata
Más olvidos en...: https://julianoelapostata56.wordpress.com/2016/07/11/jueves-de-olvidos/


"Como el sonido del agua en la roca"










COMO EL SONIDO DEL AGUA EN LA ROCA



La recuerdo muy a menudo desde entonces. Casi diría que aquella chica de unos 14 años ha seguido viviendo conmigo y en mí toda mi vida. Intenté buscarla de adulto, pero todo fue inútil.

Para aquellos ojos míos adolescente aquel viaje en crucero era lo más maravilloso que podía vivir. Todo era nuevo y estaba recubierto de un brillo emocionante. Pero sin duda lo más nuevo y delirantemente brillante… fue ella.
 Mientras almorzaba con mis padres ante el ancho mar, un día en el que parecía que la luz no tenía límites, apareció. Llevaba un vestido blanco. Estaba sola, apoyada en la barandilla, con su cabello rojizo empujado exquisitamente por la brisa. Su porte me impresionó: seguro y bello como un ángel del mar. Pero había algo impreso en su silueta hermosa y estilizada que recordaba un mar gimiente espoleado por un viento gris y furioso.

Dentro de mí todo se alteró con fuerza de mil ciclones eufóricos. Debía conocerla. Ya no pertenecía a mis padres, ni a aquel viaje, ni a nada. Sólo ella tenía el don de hacerme existir.
 Aparecía cuando menos lo esperaba; luego, inesperadamente, se perdía de mi vista. Una vez, giró su cabeza y me miró. Clavó unos ojos verdes en mí, que eran como dos pinos frondosos acogiéndome… Me acerqué a ella y le pregunté quién era y de dónde venía. Me respondió que no era de este mundo y que su nombre se pronunciaba como el agua de mar cuando golpea la roca. Me dijo que estaba estremecida ante mi presencia y que ello había provocado que se acercara un grupo de delfines para festejarlo. Miré por la barandilla, y allí estaban deliciosamente gozosos.  

 Pasamos todos los días juntos, contemplando las estrellas y el transitar de la luz por nuestros corazones. Ella me hablaba de un mundo de aguas violetas donde no existía el odio ni la muerte.  Decía que allí aprendió a hablar con los animales y curarlos, así como el arte de leer en las piedras el pasado y el futuro de los hombres.
 Yo la seguía fielmente a todas partes y daba por real cada cosa que decía: me intrigaba su soledad y no entendía que hacía allí, fuera de su mundo: "Perdida, me decía, estoy perdida." 

 El último día que la vi, nos dimos un beso hondo y vibrante como el océano… Después, desapareció. No la pude encontrar en ningún rincón, por lo que pregunté a los trabajadores del barco. Uno me dijo que aquella chica era la hija del capitán, y que estaba muy enferma desde que murió su madre, delirando y vagando sola por el barco.

Siempre he llevado aquel último beso conmigo: me trasmitió el gemido de la noche en un lado del pecho… Pero en el otro, el don de curar animales y leer en las piedras el pasado y futuro de los hombres. 


***


Texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)


Para "Este jueves un relato". Tema "Vaciones por el mar". Más relatos en el blog de Leonor https://playadelcastillo.blogspot.com.es/


Rayo de luna




"La ira de la luna es fría;
cuando llega al agua se transforma en plata."


No era fácil encontrarle. Durante años perdí la pista a mi amigo; demasiado tiempo para poder conservar su amistad. Por eso mi sorpresa fue grande cuando lo vi, de espaldas a un escaparate de armas de colección. Era indudablemente él: su porte fuerte, su melena espesa y desordenada, su espalda estirada de secuoya, su apostura autoritaria e imponente, su estabilidad de volcán en reposo... Todo ello sólo podía pertenecerle a él.

Como si intuyera mi presencia, se giró. Una sonrisa franca como un rayo de sol ocupó aquel rostro duro, curtido en una tempestad interior e infranqueable que pocos conocían, y yo, por supuesto, no fui una de los privilegiados que pudieron romper su muralla. Pero siempre conté con su simpatía, extraña por otro lado, pues nos sentíamos atraídos el uno por el otro sin saber por qué. Había algo terrible y hermoso en sus ojos, como un rayo de ira que por momentos se deshiciera en la más suave dulzura de agua para enseguida tomar de nuevo reflejos de espada. Su nobleza y fuerza me atraían, creo que con la misma intensidad que a él le atraía mi fragilidad y mi voz emplumada y aérea.

Nos dimos un fuerte y casi sonoro abrazo, e inmediatamente continuamos la conversación que años atrás quedó suspendida en nuestros labios. Recuerdo que rondaba en torno a la justicia y el perdón. Él defendía que la justicia era lo más importante, porque sin ella, todo perdón era el fruto de la injusticia, y que por tanto, ese perdón era infame y no tenía valor. Yo discutía con él la necesidad previa del perdón para luego aplicar la justicia. Y en estos dilemas estábamos cuando todo el edificio se derrumbó. El quedó muy herido y desapareció entre escombros, polvo, lágrimas y personal sanitario. Desde entonces, perdí sus huellas y continué mi vida y mi rutina habitual. Pero había un leve vacío en ella. Este amigo se había llevado con él su fuerza, quizá la dureza que yo no tenía y que en algunos momentos necesitaba, como el agua necesita una roca por la que precipitarse. Empecé a añorar su inflexibilidad, esa misma contra la yo que luchaba y discutía; también su voz de montaña al atardecer, sus ojos altos de cielo que jamás se desploma...
Juntos, ese día casual de nuestro encuentro, nos sentimos envueltos por un fino y cálido aire de armonía. Se respiraba entre nosotros y hasta poseía un aroma a vainilla muy dulce que atribuimos al perfumé de aquel café, pero que sin duda era debido a la resonancia de nuestras almas.

Me explicó que en esos años de ausencia había presenciado la crueldad humana en su estado más puro. Participó como espía en Irán, pero fue secuestrado y torturado. No quiso entrar en detalles. Sólo me comunicó que sufrió aún más que cuando fue niño y su tío abusó de él. En ese momento, un vacío de nieves negras se desplazó entre nosotros. Estaba sorprendida y muy afectada:
Había revelado su mayor secreto. Por fin pude comprender la dureza de sus pupilas y el intento de su ser por romper una barrera de odio que a ramalazos brillaba con la furia del infierno.

Me compadecí tanto que no pude disimular mis lágrimas. Él miró hacia la ventana, tratando de poner su mente en otra cosa, con una sonrisa de labios extensos y firmes. Me pareció una hoja rota de otoño, que bajo el agua aún refleja su furiosa belleza. En ese instante, contempló un niño en la calle, que, entre los coches apresurados, vendía pañuelos. Me miró. Y aquella mirada parecía estar colmada de luz de luna en la noche más oscura. Me dijo que tenía que dejarme y que seguramente el destino nos volvería a unir. Entonces, rápidamente, buscó al niño de los pañuelos y le vi alejarse, con la desvalida criatura.
Sabía que de nuevo, su fuerza había huido de mí...
A cambio, un niño embadurnado de tristeza encontraba un verdadero amigo.


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Ilustración y texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

Participando en la convocatoria amistosa: "Este jueves un relato", en la que el tema son los reencuentros:
http://jwancarlos.blogspot.com.es/



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