Dos cuerpos. Octavio Paz

Nebe



Barneif


DOS CUERPOS

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.


Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche es desierto.


Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.


Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.


Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.


OCTAVIO PAZ

Devil Smile55








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El contagio del arte. Tolstoi



Fotografías de Santa Claus...!!! (www.flirck.com)



Las tres condiciones del contagio del arte.
Cuanto más fuerte es el contagio, tanto más verdadero es el arte, como tal arte, independientemente de su contenido, es decir, del valor de los sentimientos que nos transmite.Y el grado del contagio artístico depende de tres condiciones: primero, de la mayor o menor singularidad, originalidad, novedad de los sentimientos expresados; segundo, de la mayor o menor claridad en la expresión de esos sentimientos; tercero, de la sinceridad del artista, o de la intensidad mayor o menor con que experimenta él mismo los sentimientos que expresa.Cuanto más singulares y nuevos son los sentimientos, más se aferran al individuo a quien se transmiten. Este recibe una impresión tanto más viva, en cuanto es más singular y más nuevo el estado de alma al que se encuentra transportado.La claridad con que son expresados los sentimientos determina en segundo lugar el contagio, porque, dada nuestra impresión de estar unidos con el autor, es mucho más grande nuestra satisfacción, si se encuentran claramente expresados aquellos sentimientos que, desde hace tiempo, nos parece experimentar y que acabamos de expresar felizmente.Pero, sobre todo, el grado del contagio artístico se determina por el grado de sinceridad del artista. Desde que el espectador, el oyente, el lector, adivinan que el artista está emocionado por su propia obra, se asimilan todos sus sentimientos; y por lo contrario, cuando adivinan que el autor no produce su obra para sí mismo, que no siente lo que expresa nace en ellos un deseo de resistencia, y ni la novedad del sentimiento, ni la claridad de la expresión les lleva a la emoción deseada.Hablo de las tres condiciones del contagio artístico; pero, en realidad, las tres se reducen a la última, que exige al artista que experimente por cuenta propia los sentimientos que expresa. Esta condición implica, en efecto, la primera, pues si el artista es sincero expresará el sentimiento tal como lo ha experimentado; y, como cada hombre difiere de los demás, los sentimientos del artista serán tanto más nuevos para los demás hombres, cuanto más profundamente los haya él experimentado. Y, de la misma manera, cuanto más sincero es el artista, con mayor claridad expresará el sentimiento nacido en su corazón.La sinceridad es también la condición esencial del arte. Esta condición está siempre presente en el arte popular y falta casi siempre en el arte de las clases superiores, en el que el artista tiene siempre en cuenta las circunstancias de provecho, de conveniencia o de amor propio profesional.He aquí, pues, por qué signo cierto se puede diferenciar el arte verdadero de su falsificación, y cómo es posible medir el grado de excelencia del arte, como arte en sí, independientemente de su contenido. Pero se presenta ahora otro problema: ¿por qué signo se distinguirá, en el contenido del arte, cuál es bueno y cuál es malo? []


Fotografía de Santa Claus...!!! (www.flirck.com)




La flor solitaria. Juan Ramón Jiménez

Fotografía de Gracisan. http://www.flirck.com/

No vienen en tu busca, pobre flor solitaria;
-y sin embargo, eres más bella que la rosa
pregonadora, que la mano partidaria
del destino abrió altiva, visible y victoriosa.-

Oyes, solo, en tu olvido, la verdad de la fuente,
que cantándote amor, te vuelve sobre su cielo,
el verderón te cerca de un misterio elocuente,
la mariposa para por ti su blanco vuelo...

Y nadie sabe, flor, el encanto bendito
de tu soledad única, estasiada y divina,
cuando, a una brisa de oro, teñida de infinito,
el sol se va ocultando tras tu verde colina.

Juan Rámón Jiménez.

Serenidad

El ciprés de Silos. Gerardo Diego.

Fotografía: Volarela


Enhiesto surtidor de sombra y sueño

que acongojas el cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza,

devanado a sí mismo en loco empeño.


Mástil de soledad, prodigio isleño;

flecha de fe, saeta de esperanza.

Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,

peregrina al azar, mi alma sin dueño.


Cuando te vi, señero, dulce, firme,

qué ansiedades sentí de diluirme

y ascender como tú, vuelto en cristales.;


como tú, negra torre de arduos filos,

ejemplos de delirios verticales,

mudo ciprés en el fervor de Silos.

Gerardo Diego.

Parpadeo de estrellas

Kandinsky.













A Kandinsky se le conoce por su innovación en el arte, creando los primeros cuadros totalmente abstractos en aquellas primeras décadas del siglo XX. Pero sus cuadros figurativos, o semi figurativos son también únicos. Tienen su mismo brillo, fuerza y dinamismo, con el añadido de la evocación de las formas reconocilbles.
El color se desborda limpiamente y toca emociones profundas. Siempre se percibe algo muy vivo, muy auténtico es este pintor.



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Biografía:

La luz que inunda de alegría. Tagore


Kandinsky



¡Luz, luz mía, luz que llamas al mundo, luz que besas los ojos, que haces dulce el corazón!


¡Ay, cómo salta la luz, amor mío, en medio de mi vida! ¡Cómo hiere, amor mío, las cuerdas de mi amor!


El cielo se abre, y corre loco el viento, y la risa se desboca por toda la tierra.


Las mariposas tienden sus velas por el mar de luz, y sobre la cresta de las olas de luz, abren lirios y jazmines.


La luz se derrite en oro en cada nube, amor mío, y luego se derrama en pedrerías sin fin.


Un alborozo nuevo va de hoja en hoja, amor mío, un gozo sin límites. ¡El río del cielo ha roto sus riberas, y todo brilla, inmensamente inundado de alegría!




R. Tagore.


Pensamientos sobre el arte

Dibujo de Leonardo Da Vinci




"La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte". Leonardo Da Vinci.


"El arte es el sueño de los negocios, de los tráfagos y empresas. Pero es un sueño en el espíritu, una transposición del sueño al espíritu.
...[] de hecho, para el artista, así como para el admirador, la inspiración y el arrobamiento resultan de una especie de hipnosis compuesta de sueño, de magia y de éxtasis".
"El arte es la ciencia de todo lo que la ciencia ignora: es la ciencia de lo único, de lo íntimo, de lo particular, del cambio, es la ciencia de la vida, la cual siempre ha sido y es un misterio para la ciencia".
"...[] el arte es la conciliación del impulso con la moderación. El impulso es don gratuito y sin precio, es la naturaleza puesta a trabajar en la invención del artista, es el aliento de vida que se forja un cuerpo en el lenguaje y en las formas, es el alma vegetativa que desarrolla su planta según su semilla. ...[] La moderación es ante todo un trabajo de jardinero, pues no se puede dejar a todo lo que venga proliferar al azar. Hay que desbrozar, quitar hierbas, alienar, podar, regar, abonar y en ocasiones practicar injertos ".

 Lanza del Vasto (fragmentos de "Sobre estética", Cielo y Tierra, nº 6).


"El arte es la forma más intensa de individualismo que el mundo ha conocido." Oscar Wilde


"El arte es un juego pero hay que jugar con la seriedad de un niño que juega." Robert Louis Stevenson.


"El arte no reproduce lo visible. Lo hace visible". Paul Klee.


"El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos." Albert Einstein.

El ama. La emoción hecha poema

Pintura de Vermeer


El ama

Yo aprendí en el hogar en qué se funda
la dicha más perfecta,
y para hacerla mía
quise yo ser como mi padre era
y busqué una mujer como mi madre
entre las hijas de mi hidalga tierra.
Y fui como mi padre, y fue mi esposa
viviente imagen de la madre muerta.
¡Un milagro de Dios, que ver me hizo
otra mujer como la santa aquella!
Compartían mis únicos amores
la amante compañera,
la patria idolatrada,
la casa solariega,
con la heredada historia,
con la heredada hacienda.
¡Qué buena era la esposa
y qué feraz mi tierra!
¡Qué alegre era mi casa
y qué sana mi hacienda,
y con qué solidez estaba unida
la tradición de la honradez a ellas!
Una sencilla labradora, humilde,
hija de oscura castellana aldea;
una mujer trabajadora, honrada,
cristiana, amable, cariñosa y seria,
trocó mi casa en adorable idilio
que no pudo soñar ningún poeta
¡Oh, cómo se suaviza
el penoso trajín de las faenas
cuando hay amor en casa
y con él mucho pan se amasa en ella
para los pobres que a su sombra viven,
para los pobres que por ella bregan!
¡Y cuánto lo agradecen, sin decirlo,
y cuánto por la casa se interesan,
y cómo ellos la cuidan,
y cómo Dios la aumenta!
Todo lo pudo la mujer cristiana,
logrolo todo la mujer discreta.
La vida en la alquería
giraba en torno de ella
pacífica y amable,
monótona y serena...
¡Y cómo la alegría y el trabajo
donde está la virtud se compenetran!
Lavando en el regato cristalino
cantaban las mozuelas,
y cantaba en los valles el vaquero,
y cantaban los mozos en las tierras,
y el aguador camino de la fuente,
y el cabrerillo en la pelada cuesta...
¡Y yo también cantaba,
que ella y el campo hiciéronme poeta!
Cantaba el equilibrio
de aquel alma serena
como los anchos cielos,
como los campos de mi amada tierra;
y cantaba también aquellos campos,
los de las pardas, onduladas cuestas,
los de los mares de enceradas mieses,
los de las mudas perspectivas serias,
los de las castas soledades hondas,
los de las grises lontananzas muertas...
El alma se empapaba
en la solemne clásica grandeza
que llenaba los ámbitos abiertos
del cielo y de la tierra.
¡Qué placido el ambiente,
qué tranquilo el paisaje, qué serena
la atmósfera azulada se extendía
por sobre el haz de la llanura inmensa!
La brisa de la tarde
meneaba, amorosa, la alameda,
los zarzales floridos del cercado,
los guindos de la vega,
las mieses de la hoja,
la copa verde de la encina vieja...
¡Monorrítmica música del llano,
qué grato tu sonar, qué dulce era!
La gaita del pastor en la colina
lloraba las tonadas de la tierra,
cargadas de dulzuras,
cargadas de monótonas tristezas,
y dentro del sentido
caían las cadencias
como doradas gotas
de dulce miel que del panal fluyeran.
La vida era solemne;
puro y sereno el pensamiento era;
sosegado el sentir, como las brisas;
mudo y fuerte el amor, mansas las penas,
austeros los placeres,
raigadas las creencias,
sabroso el pan, reparador el sueño,
fácil el bien y pura la conciencia.
¡Qué deseos el alma
tenía de ser buena,
y cómo se llenaba de ternura
cuando Dios le decía que lo era!
II
Pero bien se conoce
que ya no vive ella;
el corazón, la vida de la casa
que alegraba el trajín de las tareas,
la mano bienhechora
que con las sales de enseñanzas buenas
amasó tanto pan para los pobres
que regaban, sudando, nuestra hacienda.
¡La vida en la alquería
se tiñó para siempre de tristeza!
Ya no alegran los mozos la besana
con las dulces tonadas de la tierra
que al paso perezoso de las yuntas
ajustaban sus lánguidas cadencias.
Mudos de casa salen,
mudos pasan el día en sus faenas,
tristes y mudos vuelven
y sin decirse una palabra cenan;
que está el aire de casa
cargado de tristeza,
y palabras y ruidos importunan
la rumia sosegada de las penas.
Y rezamos, reunidos, el Rosario.
sin decirnos por quién..., pero es por ella.
Que aunque ya no su voz a orar nos llama,
su recuerdo querido nos congrega,
y nos pone el Rosario entre los dedos
y las santas plegarias en la lengua.
¡Qué días y qué noches!
¡Con cuánta lentitud las horas ruedan
por encima del alma que está sola
llorando en las tinieblas!
Las sales de mis lágrimas amargan
el pan que me alimenta;
me cansa el movimiento,
me pesan las faenas,
la casa me entristece
y he perdido el cariño de la hacienda.
¡Qué me importan los bienes
si he perdido mi dulce compañera!
¡Qué compasión me tienen mis criados
que ayer me vieron con el alma llena
de alegrías sin fin que rebosaban
y suyas también eran!
Hasta el hosco pastor de mis ganados,
que ha medido la hondura de mi pena,
si llego a su majada
baja los ojos y ni hablar quisiera;
y dice al despedirme: «Ánimo, amo;
«haiga» mucho valor y «haiga pacencia...»
Y le tiembla la voz cuando lo dice,
y se enjuga una lágrima sincera,
que en la manga de la áspera zamarra
temblando se le queda...
¡Me ahogan estas cosas,
me matan de dolor estas escenas!
¡Que me anime, pretende, y él no sabe
que de su choza en la techumbre negra
le he visto yo escondida
la dulce gaita aquella
que cargaba el sentido de dulzura
y llenaba los aires de cadencias!...
¿Por qué ya no la toca?
¿Por qué los campos su tañer no alegra?
Y el atrevido vaquerillo sano,
que amaba a una mozuela
de aquellas que trajinan en la casa,
¿por qué no ha vuelto a verla?
¿Por qué no canta en los tranquilos valles?
¿Por qué no silba con la misma fuerza?
¿Por qué no quiere restallar la honda?
¿Por qué esta muda la habladora lengua,
que al amo le contaba sus sentires
cuando el amo le daba su licencia?
«¡El ama era una santa!...»,
me dicen todos, cuando me hablan de ella.
«¡Santa, santa!», me ha dicho
el viejo señor cura de la aldea,
aquel que le pedía
las limosnas secretas
que de tantos hogares ahuyentaban
las hambres y los fríos y las penas.
¡Por eso los mendigos
que llegan a mi puerta
llorando se descubren
y un padrenuestro por el «ama» rezan!
El velo del dolor me ha oscurecido
la luz de la belleza.
Ya no saben hundirse mis pupilas
en la visión serena
de los espacios hondos,
puros y azules, de extensión inmensa.
Ya no sé traducir la poesía,
ni del alma en la médula me entra
la inmensa melodía del silencio,
que en la llanura quieta
parece que descansa,
parece que se acuesta.
Será puro el ambiente, como antes,
y la atmósfera azul será serena,
y la brisa amorosa
moverá con sus alas la alameda,
los zarzales floridos,
los guindos de la vega,
las mieses de la hoja,
la copa verde de la encina vieja...
Y mugirán los tristes becerrillos,
lamentando el destete, en la pradera,
y la de alegres recentales dulces
tropa gentil escalará la cuesta
balando plañideros
al pie de las dulcísimas ovejas;
y cantará en el monte la abubilla,
y en los aires la alondra mañanera
seguirá derritiéndose en gorjeos,
musical filigrana de su lengua...
Y la vida solemne de los mundos
seguirá su carrera
monótona, inmutable,
magnífica, serena...
Mas ¿qué me importa todo,
si el vivir de los mundos no me alegra,
ni el ambiente me baña en bienestares,
ni las brisas a música me suenan,
ni el cantar de los pájaros del monte
estimula mi lengua,
ni me mueve a ambición la perspectiva
de la abundante próxima cosecha,
ni el vigor de mis bueyes me envanece,
ni el paso del caballo me recrea,
ni me embriaga el olor de las majadas,
ni con vértigos dulces me deleitan
el perfume del heno que madura
y el perfume del trigo que se encera?
Resbala sobre mí sin agitarme
la dulce poesía en que se impregnan
la llanura sin fin, toda quietudes,
y el magnífico cielo, todo estrellas,
y ya mover no pueden
mi alma de poeta,
ni las de mayo auroras nacarinas
con húmedos vapores en las vegas,
con cánticos de alondra y con efluvios
de rociadas frescas,
ni éstos de otoño atardeceres dulces
de manso resbalar, pura tristeza
de la luz que se muere
y el paisaje borroso que se queja...
ni las noches románticas de julio,
magníficas, espléndidas,
cargadas de silencios rumorosos
y de sanos perfumes de las eras;
noches para el amor, para la rumia
de las grandes ideas,
que a la cumbre al llegar de las alturas
se hermanan y se besan...
¡Cómo tendré yo el alma,
que resbala sobre ella
la dulce poesía de mis campos
como el agua resbala por la piedra!
Vuestra paz era imagen de mi vida,
¡oh campos de mi tierra!
Pero la vida se me puso triste
y su imagen de ahora ya no es ésa:
en mi casa, es el frío de mi alcoba,
es el llanto vertido en sus tinieblas;
en el campo, es el árido camino
del barbecho sin fin que amarillea.
Pero yo ya sé hablar como mi madre
y digo como ella
cuando la vida se le puso triste:
«¡Dios lo ha querido así! ¡Bendito sea!»


Gabriel y Galán


El infinito. Leopardi.

fotografía de César Zarallo. Hoces del río Duratón (Segovia)




Siempre amada me ha sido esta yerma colina

y este seto, que impide a la mirada

ver el último período del ocaso.

Mas sentado e imaginando el interminable

espacio tras ella y los sobrehumanos

silencios, y la profundísima quietud

me sumerjo en mi pensamiento; allí donde por poco

el corazón se me estremece. Y como oigo el viento

silbar entre estas plantas, yo este

silencio infinito a esa voz

voy comparando: y me sugiere la eternidad,

y las estaciones muertas, y la presente

viva, y el sonido de ella. Así en esta

inmensidad se ahoga mi pensamiento:

y me es dulce naufragar en este mar.



Giacomo Leopardi Antici






L'infinito es un poema que el propio autor, Giacomo Leopardi, ubicó dentro del haz de poemas al que denominó "Idilios", pudiéndose considerar a éstos como la cumbre de su producción poética donde se hace máxima la armonía entre sentir, pensamiento y lirismo. El poema que tratamos destaca por su estremecedora belleza; la expresión verbal que fluye no entorpece la marcha de los largos razonamientos y permite a la tensión lírica ir alcanzando cotas inefables. (Traducción y fragmento pertenecientes a un artículo de Luz Sirvent y José Julián Morente; "Cielo y tierra", 1983. vol. 2.)




Otoño en un violoncello. Brahms







fotografías de DjSamera www.djsamera.deviantart.com






Blas de Otero, dios del soneto

Gustav Klimt




MÚSICA TUYA


¿Es verdad que te gusta verte hundida
en el mar de la música; dejarte
llevar por esas alas; abismarte
en esa luz tan honda y escondida?


Si es así no ames más; dame tu vida,
que ella es la esencia y el clamor del arte;
herida estás de Dios de parte a parte,
y yo quiero escuchar solo esa herida.


Mares, alas, intensas luces libres,
sonarán en mi alma cuando vibres,
ciega de amor, tañida entre mis brazos.


Y yo sabré la música ardorosa
de unas alas de Dios, de una luz rosa,
de un mar total con olas como abrazos.


Blas de Otero.






Emilio Prados. Transparencia y misterio.



Pintura de Theo van Rysselbergue





CERRÉ MI PUERTA AL MUNDO...



Cerré mi puerta al mundo;

se me perdió la carne por el sueño...

Me quedé, interno, mágico, invisible,

desnudo como un ciego.



Lleno hasta el mismo borde de los ojos,

me iluminé por dentro.



Trémulo, transparente,

me quedé sobre el viento,

igual que un vaso limpio

de agua pura,

como un ángel de vidrio

en un espejo.





Emilio Prados







JUNTO AL ARROYO



Amanecer.

Caudal del sueño,

lluvia del estío:

¿adónde va

la nube en que has nacido?



Eco del bosque,

corazón del viento:

¿dónde la voz

que te dejó en el cielo?


Rumor del agua

entre los tallos débiles:

¿adónde va

el frescor de tu corriente?


Cuerpo fugaz del hombre,

esbelto junco:

¿dónde olvidó tu sombra

su desnudo?


Belleza, soledad,

contemplación callada:

¿dónde el aroma fiel de tu palabra?...


(La voz de Dios

resuena contra el tiempo...)

¿Dónde, el amor,

oculta su misterio?




Emilio Prados

Melodías de paz











Pinturas de Caspar David Friedich






Sorolla traspasa los sentidos.












Sorolla traspasa los sentidos: vitalidad, luz, movimiento, belleza...
Sus cuadros rebosan alegría de vivir,  deleite infantil,  claridad,  regocijo. Todo esto nos lo trasmite por medio de su tratamiento del color, único en la historia del arte. Estos colores siempre van mezclados con mucho blanco, como si su pupila estuviera casi cegada de tanta luz;  Sus trazos maestros, sueltos, elásticos y vigorosos aportan el dinamismo que hacen de cada pintura una instantánea vívida y fresca. Pero es esa irradiación de luz pura del mediterráneo, siempre transparente y entusiasmada, captada con absoluta precisión y derramada por todos sus cuadros, lo que convierte estas imágenes en algo trascendente.

Otra característica de sus cuadros es el punto de vista que toma: se trata de una mirada realista  y sólo idealizada por su lírico sentido del color. Los personajes son observados desde afuera y fusionados al paisaje, como en una novela costumbrista. La mirada de niños, mujeres y hombres no suelen dirigirse al pintor, con lo que nos convertimos en espectadores externos de un mundo en que las personas ríen, juegan, conversan, y avanzan en su día a día, satisfechas de sí mismas y en perfecta comunión con el mundo.  

La belleza de los cuadros de Sorolla es muy llamativa, pero no es estática, rígida o decorativa, como en tantos cuadros realistas de su época, sino que su pincelada particular la dota de una vitalidad y un ritmo contagioso.

Sorolla es para contemplarlo con la mente en blanco, abierta a las ondas del color más armonioso, fluido y vibrante. 
Nunca hubo tanta alegría radiante en la pintura.


Biografía del pintor:
http://es.wikipedia.org/wiki/Sorolla
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/k/kandinsky.htm

Niña. Octavio Paz






Dibujos de Marcos Rey Vicente






Nombras el árbol, niña.
Y el árbol crece, lento y pleno,
anegando los aires,
verde deslumbramiento,
hasta volvernos verde la mirada.



Nombras el cielo, niña.
Y el cielo azul, la nube blanca,
la luz de la mañana,
se meten en el pecho
hasta volverlo cielo y transparencia.



Nombras el agua, niña.
Y el agua brota, no sé dónde,
baña la tierra negra,
reverdece la flor, brilla en las hojas
y en húmedos vapores nos convierte.



No dices nada, niña.
Y nace del silencio
la vida en una ola
de música amarilla;
su dorada marea
nos alza a plenitudes,
nos vuelve a ser nosotros, extraviados.



¡Niña que me levanta y resucita!
¡Ola sin fin, sin límites, eterna!



Octavio Paz



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Muhadin Kishew. El éxtasis de la naturaleza.







Magnífico pintor, que con su rítmico baile de trazos y colores, comunica, como nadie, el éxtasis de la naturaleza y la maravilla de estar vivo.


Tagore. Renacer de primavera


Pinturas de Muhadin Kishew


Siento que en mí palpitan todas las estrellas. El mundo corre por mi vida como un hermoso río. Las flores han pasado a través de mi sangre. Y toda la primavera de aguas y jardines se alza de mi corazón como un humo azul, y el aliento de todas las cosas canta como una flauta en mis sienes.


R. Tagore

La melodía del amor feliz. Schumann

Ahora te quiero. Pedro Salinas

Gustav Klimt



AHORA TE QUIERO




Ahora te quiero,
como el mar quiere a su agua:
desde fuera, por arriba,
haciéndose sin pararcon ella tormentas, fugas,
albergues, descansos, calmas.
¡Qué frenesíes, quererte!
¡Qué entusiasmo de olas altas,
y qué desmayos de espuma
van y vienen! Un tropel
de formas, hechas, deshechas,
galopan desmelenadas.
Pero detrás de sus flancos
está soñándose un sueño
de otra forma más profunda
de querer, que está allá abajo:
de no ser ya movimiento,
de acabar este vaivén,
este ir y venir, de cielos
a abismos, de hallar por fin
la inmóvil flor sin otoño
de un quererse quieto, quieto.
Más allá de ola y espuma
el querer busca su fondo.
Esta hondura donde el mar
hizo la paz con su agua
y están queriéndose ya
sin signo, sin movimiento.
Amor
tan sepultado en su ser,
tan entregado, tan quieto,
que nuestro querer en vida
se sintiese
seguro de no acabar
cuando terminan los besos,
las miradas, las señales.
Tan cierto de no morir,
como está
el gran amor de los muertos.


Pedro Salinas.


Gustav Klimt





"...Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía..."

Pedro Salinas






Pablo Neruda. Soneto nº X


Al golpe de la ola contra la piedra indócil
la claridad estalla y establece su rosa
y el círculo del mar se reduce a un racimo,
a una sola gota de sal azul que cae.

Oh radiante magnolia desatada en la espuma,
magnética viajera cuya muerte florece
y eternamente vuelve a ser y a no ser nada:
sal rota, deslumbrate movimiento marino.

Juntos tú y yo, amor mío, sellamos el silencio,
mientras destruye el mar sus constantes estatuas
y derrumba sus torres de arrebato y blancura,

porque en la trama de estos tejidos invisibles
del agua desbocada, de la incesante arena,
sostenemos la única y acosada ternura.


(Neruda, "100 sonetos de amor")






Fotografía de Aions

Criatura afortunada. Juan Ramón Jiménez

pintura de Muhadin Kishev


Cantando vas, riendo por el agua,
por el aire silbando vas, riendo,
en ronda azul y oro, plata y verde,
dichoso de pasar y repasar
entre el rojo primer brotar de abril,
¡forma distinta, de instantáneas
igualdades de luz, vida, color,
con nosotros, orillas inflamadas!




¡Qué alegre eres tú, ser,
con qué alegría universal eterna!
¡Rompes feliz el ondear del aire,
bogas contrario el ondular del agua!
¿No tienes que comer ni que dormir?
¿Toda la primavera es tu lugar?
¿Lo verde todo, lo azul todo,
lo floreciente todo es tuyo?
¡No hay temor en tu gloria;
tu destino es volver, volver, volver,
en ronda plata y verde, azul y oro,
por una eternidad de eternidades!


Nos das la mano, en un momento
de afinidad posible, de amor súbito,
de concesión radiante;
y, a tu contaco cálido,
en loca vibración de carne y alma,
nos encendemos de armonía,
nos olvidamos, nuevos, de lo mismo,
lucimos, un instante, alegres de oro.
¡Parece que también vamos a ser
perennes como tú,
que vamos a volar del mar al monte,
que vamos a saltar del cielo al mar,
que vamos a volver, volver, volver
por una eternidad de eternidades!
¡Y cantamos, reímos por el aire,
por el agua reímos y silbamos!




Pero tú no te tienes que olvidar,
tú eres presencia casual perpetua,
eres la criatura afortunada,
el májico ser solo, el ser insombre,
el adorado por calor y gracia,
el libre, el embriagante robador,
que en ronda azul y oro, plata y verde,
riendo vas, silbando por el aire,
por el agua cantando vas, riendo!




Poema de Juan Ramón Jiménez



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