Las Fallas.




 Valencia: Falla premiada en 2006


Valencia. Falla premiada en 2010


Falla de Benidorm. Rincón de Loix. 2014.

Hoy es un día de fiesta. Las fallas de Valencia llegan a Benidorm. Esta fiesta popular valenciana es una de las más conocidas del mundo. Su origen simbólico es muy antiguo, y por muchos pueblos de España se ha celebrado el mismo o parecido rito: el de quemar lo viejo,  lo inservible, en una fogata común. Es un rito de purificación. El fuego se lleva lo malo, y prepara al alma para lo bueno y lo nuevo. Estas fiestas se colocan al principio de la primavera porque la primavera es un símbolo de renacimiento. Las fallas de Valencia, en el siglo XVIII comienzan a tener el aspecto que tienen ahora. En lugar de trapos o muebles viejos se comienzan a quemar muñecos que representan vicios o cosas criticables de la sociedad. Por eso tienen un carácter satírico. La sátira de estas figuras es la ira sublimada del pueblo. Todo aquello que es injusto, vicioso o despreciable se ridiculiza y toma el perfil de una caricatura de la que reírse y poder quemarla despues. En cierto modo, es una pequeña catarsis social.



 Es bonito y a la vez muy quijotesco, eso de ver quemar el trabajo de nada menos que todo un año. Porque ahora son tan sofisticadas que conllevan todo un largo trabajo artesanal. Se suelen hacer de cartón piedra, aunque los últimos años las realizan con una fibra moldeable artificial, similar al corcho.   


Cuando niña no me gustaban demasiado. Las encontraba muy agresivas, toscas, burlonas, casi un grito de colores en mitad de la calle; un extraño aspaviento que podía dar miedo... o risa. 




Pero ahora, con el correr de los años, lo contemplo todo con más ternura, penetrando en el espíritu que hay detrás, juguetón, socarrón, atrevido y alegre. Es el espíritu de mi gente: ruidosas, bullangueras, hambrientas de colores, fuego y esplendor.  Soy más consciente de ese carácter tan particular de mi pueblo valenciano, y sonrío con ellos cuando miro hacia arriba y varias caras deformes me contemplan con una risa entre dulzona y mordaz, y me dicen que yo también desapareceré bajo el fuego aniquilador… del tiempo.  




Hoy, al acercarme a la falla que colocan aquí donde vivo, he escuchado antes la música de una banda. Valencia y las bandas musicales son un solo ser. De toda la comunidad llegan a la capital más de 300 bandas. Y no paran de tocar, de la mañana a la noche en cada esquina, por cada barrio y rincón. Casi una banda por falla, para que llegue la caricia del metal, el viento y los platillos hasta el último resquicio de espacio. Allá donde haya quietud, haya  un soplo de trompas. Y sobre los cláxones, los bufidos roncos de los motores y las voces apresuradas de la gente, haya brisa dulce de flautas... Es el alma musical de esta tierra, que ahora se explaya a pleno pulmón.




Me gusta este amor a la música. Al pasar cerca de la banda sentí de lleno esas tonadas rotundas y cálidas a la vez. Penetraba en mi alma como el aroma de una flor grande, entusiasmada y pletórica.






Al mismo tiempo, una leve melancolía en los instrumentos de viento se aúna con mi visión casi húmeda y azul del mar: un mar que se acerca y se aleja, misterioso, transparente, alegre y adusto, esquivo e infinito, que parece flotar como humo musical, al capricho de la mente que sueña escuchando...  



Éste es un día de fiesta, pero en Valencia la fiesta "suena" a lo grande. Y hasta el famoso carpintero patrón de Valencia, San José, desde el cielo, se tapa los oídos para que no se le rompan sus santos tímpanos a causa de las tracas descomunales que bombardean el aire con verdadera furia festiva.
Hay orgía de luces por las calles y los gatos andas locos.


Hay despertares hoscos a fuerza de petardos y maremagnum de color. Y habrá fuego quijotesco y éxtasis en las pupilas de la gente a la hora casi sagrada de la quema. Porque en nuestra ciudad, rutinariamente controlada y predecible, se contemplará el raro e impredecible espectáculo del fuego destruyendo la creación; haciendo palpable lo efímero de las cosas. Y se verá la alta llama purificadora tocar el negro cielo estrellado.  
Ser testigos de cómo unas altivas figuras caen de sus pedestales hasta besar la ceniza y terminar siendo un puñado de gris levedad, es algo que queda en la memoria.
Vanidad de vanidades, brevedad, ilusión: así es la vida. 




                                                                             


Texto y fotos: Volarela - Maite Sánchez Romero (excepto las dos primeras fotos y las tres últimas que se han tomado de Google Imágenes y son de la ciudad de Valencia)

7 comentarios:

Mª Jesús Muñoz dijo...

Precioso homenaje a Las fallas de Valencia y a lo que representan, amiga...Ese quemar lo viejo y satirizar personajes y circunstancias,que el pueblo considera injustas, viciosas o despreciables en un acto o ritual, que a la vez es catarsis social...Nos deja clara la idea de renovación,de comienzo primaveral,acompañado siempre por la pólvora y la música,que representa el espíritu festivo, entrañable y
bullicioso del pueblo...
Las fallas que nos dejas son preciosas, me alegro que también estén en Benidorm...Mientras leía tu post podía escuchar el sonido lejano de las bandas,las voces de las gentes, las risas de los niños al estallar los cohetes...Y al fondo ese mar suave y cercano, que también escuchaba y asistía complacido a la fiesta...
Mi gratitud por publicar y por este testimonio,que nos llena el alma de fiesta y nos acerca a Valencia y a Benidorm en este día...amiga.
Mi abrazo inmenso y mi cariño.
M.Jesús

maria del carmen nazer dijo...

Qué maravillosa celebración !
La verdad es tan rica y tan clara la descripción que haces que me dio la posibilidad de participar de las Fallas de Valencia. Me gusta mucho la simbología .
Es como hacer una limpieza total de nuestro interior y de lo de afuera también. Tirar , quemar lo que ya no sirve, lo que nos hace mal.lo que nos enferma.
Los muñecos tienen un trabajo meticuloso .¿los niñitos no le tienen miedo ?
Esa banda de música es un complemento espléndido y el mar el broche de jade purísimo.
Salvando las distancias y celebrando una cosa diferente acá, en Corrientes , celebrando los carnavales se hacen carrozas fabulosas y muñecos increíbles. Es una tradición. Las comparsas son majestuosas y ni te cuento los trajes de los comparseros. Termina la fecha de los carnavales y ya comienzan el trabajo para el año siguiente .La rivalidad es "a matar o morir". Igual van para 6 años que entre las dos comparsas mayores que son SAPUCAY ( el grito de nuestra tierra ) y ARA - BERA ( el rayo ) gana siempre ARA BERA, MI comparsa preferida. ¡Aproveché para decirlo.
Cuando ví los muñecos de las Fallas se me presentaron los de mi carnaval. No pude evitar la comparación.
Que disfrutes tu fiesta !! BESOS !!

TriniReina dijo...

Un trabajo perfecto el que nos dejas aquí sobre estas fiestas tan emblemáticas de Valencia.
Yo nunca las he visto in situ, pero sé de gente que una vez que las disfrutan repiten año a año.
Este, imagino, que ha de ser un tiempo para los valencianos como el que ya se acerca, La Semana Santa, para los sevillanos y andaluces en general.

Quememos lo viejo, lo que nos sobra, lo que nos pesa: Vivamos.

Besos

Maite Sánchez Romero dijo...

Mª Jesús: Mil gracias por saber hacerlo todo tuyo.

Un besote muy grande.

Mª Carmen:
No sé si los niños se asustarán... Pero creo que los niños de ahora necesitan algo más fuerte para asustarse... :)

Acabo de leer que vuestro carnaval es ¡único en el mundo!...Acuden allí miles de visitantes. ¡Y tiene un ritmo bien salsero!

Me alegra mucho que te hayas acercado a esta fiesta nuestra y haber conocido vuestro gran carnaval, también rico en simbolismo.
Un gran abrazo :)

Trini: Sevilla sí que es mágica. Me seduce todo lo andaluz, y algún día veré la Semana Santa allí en tu preciosa Sevilla, que es donde se siente verdaderamente viva...

Un fuerte abrazo (saleroso) :)

Miguelo dijo...

siempre he querido ir a las fallas. a ver si el proximo año me animo y voy

Belén Rodríguez dijo...

Magnífico espectáculo el que nos regalas hoy.
Yo he tenido la suerte de vivir en primera persona esta fiesta varias veces y, la verdad, es una pasada.
El único "pero", por poner alguno, es la gran cantidad de cohetes que tiran por todas partes. Y no digo en las "mascletás" ni cuando queman "los castillos", sino por cualquier calle en cualquier momento.
No son aptas para quien tenga un problema de corazón...
Por lo demás, merece la pena disfrutarlas aunque sea una vez allí, en Valencia.
FEliz día.
Besitos.

Volarela dijo...

Es verdad. Los cohetes son una tortura, porque como dices, es continuo.

Gracias por venir por aquí, Belén. Es un gusto.

Besitos con sol :)